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      China planta una pica en el triángulo del litio

      China planta una pica en el triángulo del litioEmpresarios chinos del litio con el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil y el embajador Sabino Vaca Narvaja

      En 1918, Lord Curzon, secretario británico, dijo que los aliados habían “cabalgado en una ola de petróleo” hasta la victoria. La Gran Guerra convirtió al crudo en una materia prima estratégica. En el siglo siguiente, los países con grandes reservas de hidrocarburos acumularon un inmenso poder –económico y geopolítico– derivado de su capacidad para condicionar el desarrollo global.

      La llamada “transición verde” ha vuelto a escenificar ese drama, pero con otros protagonistas. Las energías renovables no salen de la nada. Para producirlas, es necesario emplear decenas de minerales, casi todos escasos en la corteza terrestre.

      En 2018, el US Geological Survey publicó por primera vez una lista de los minerales que harían falta para la nueva economía del siglo XXI. Entonces, eran 38. La última versión de la lista incluía ya 51. Y pronto habrá más. Entre ellos están el cobalto, níquel, grafito, cadmio, tungsteno, las tierras raras y, sobre todo, el litio, todos ellos son imprescindibles para todo tipo de dispositivos electrónicos.

      En 2021 el litio subió casi un 400%, hasta los 60.000 dólares la tonelada métrica de hidróxido de litio. McKinsey estima que su demanda aumentará desde las 500.000 toneladas en 2021 a entre tres y cuatro millones en 2030. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en 2040 se necesitarán 40 veces más litio que en 2020.

      En esa carrera por los minerales estratégicos, China lleva una gran ventaja: refina el 68% del níquel, el 40% del cobre, el 59% del litio y el 73% del cobalto, según un reciente informe. Un problema adicional es su desigual distribución, situación que Washington considera insostenible.

      En 2022, EE.UU creó una alianza con la Unión Europea y otros 12 países industrializados para localizar oportunidades mineras. El secretario de Estado, Antony Blinken, advirtió que “no podemos permitir que China se convierta en una OPEP de los minerales críticos”.

      En este contexto, el ‘triángulo del litio’ que integran Chile, Argentina y Bolivia ha cobrado gran importancia como centro neurálgico de la industria minera. Los tres países representan el 53% de las reservas probadas mundiales.

      En 2021, Chile produjo 150.000 toneladas de carbonato de litio (25% del total mundial); Argentina 40.000 toneladas (10%) y Australia el resto. Ello representa una oportunidad histórica para América Latina. Los gobiernos de la llamada segunda “marea rosa”, coinciden en exigir que se quede en sus países el mayor valor añadido y empleo posible de la industrialización del mineral.

      En Chile el litio superó por primera vez al cobre en 2022 como su exportación más valiosa: 5.000 millones de dólares, casi un 2% del PIB y cerca del 7% de los ingresos del fisco.

      La minera SQM tiene una concesión para su explotación en el desierto de Atacama y en su accionariado participa la china Tianqi, que en 2018 invirtió más de 4.000 millones de dólares. En 2022, tuvo utilidades de casi 4.000 millones de dólares, siendo hoy la compañía chilena de mayor valor en bolsa. El 64% de su litio se exportó a China.

      En Bolivia, la minera estatal YLB firmó un convenio con el consorcio chino CBC para crear dos complejos de procesamiento de litio en Potosí y Oruro. Solo en la primera etapa del proyecto, CBC invertirá 1.000 millones de dólares.

      El objetivo del gobierno es producir 15.0000 toneladas en 2023, un nuevo eje para el desarrollo nacional. Según Evo Morales, China es un “aliado estratégico” porque, según él, brinda una cooperación “sin condiciones”.

      En 2008 su gobierno expulsó al exembajador de Estados Unidos y se ha negado a condenar a Moscú por su invasión de Ucrania.

      En Argentina, son las empresas privadas las que negocian los contratos de explotación con los gobiernos provinciales. El gobierno quiere convertir al país en el segundo productor mundial antes de 2030, con 200.000 toneladas o el 20% de la demanda mundial. Actualmente, hay 38 proyectos en diversas etapas de desarrollo.

      En 2021, Zijing Mining compró por 770 millones de dólares el proyecto Tres Quebradas, mientras Ganfeng Lithium pagó 962 millones por otro proyecto. China, por tanto, ha tomado posiciones en América Latina. Los gobiernos regionales valoran sobre todo la rapidez con la que las compañías chinas ejecutan los proyectos.

      En su 13° plan quinquenal de 2015, Pekín priorizó la fabricación de vehículos eléctricos. Ya produce unos 10.000 al mes, más que ningún otro país. Todos llevan baterías ión-litio. En su país, las mineras chinas tienen pocas restricciones medioambientales. En el “triángulo del litio”, en cambio, va a ser muy difícil que puedan evitarlas.

      Teniendo en cuenta sus bajos estándares ambientales en los proyectos extractivos, ¿podrán los gobiernos latinoamericanos exigirle a China mejores prácticas? La cuestión es clave, porque se necesitan dos millones de litros de agua para producir una tonelada de litio en los salares.

      En medio de la sequía, este consumo amenaza lagunas y ríos en zonas por lo general muy áridas. Las plantas de procesamiento utilizan también millones de litros de agua, cuyos residuos, con agentes químicos, se derraman en los salares.

      Las mineras chinas tienen malos antecedentes medioambientales en la región. Sus críticos las suelen acusar de deforestar, contaminar, pagar salarios bajos y corromper a funcionarios estatales para lograr los contratos.

      De hecho, es clave que haya transparencia en los acuerdos que China firme con el litio latinoamericano. No olvidemos que, como demuestran muchos de los contratos de préstamos concedidos por China en el mundo en desarrollo, detrás de las “cláusulas confidenciales” que Pekín exige se esconden condiciones abusivas. Y la “trampa de la deuda”.

      En resumen, China representa una oportunidad única para el desarrollo a propósito del litio. Pero hay desafíos que no se pueden desatender. El impacto social y medioambiental, y exigencia de total transparencia, son obligados.

      Otro es exigirle a Pekín que invierta en industrias de procesamiento, para romper con ello el patrón primario-exportador de la región. Sólo el valor añadido genera verdadera riqueza. Y ya que Pekín aspira a controlar el suministro global de un mineral tan estratégico, América Latina tiene la oportunidad de negociar duro.

      Luis Esteban G. Manrique es periodista, analista internacional y colaborador de Análisis Sínico en www.cadal.org


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      Luis Manrique
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