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Prensa / Diarios
EL CHILENO QUE ES PARLAMENTARIO EN SUECIA
14 de enero de 2004
Fuente: El Mercurio (Chile)

Mauricio RojasMauricio Rojas, historiador económico, publica libro sobre crisis argentina

Tiene un currículum curioso y la capacidad de contar los cambios de su vida sin ataduras: salió de Chile muy izquierdista y ahora es un defensor de las libertades individuales.

DANIELLA ZUNINO y MARILY LUDERS.

Mauricio Rojas se fue de Chile en octubre de 1973, era muy izquierdista y venía de una familia con influencias socialistas.

Llegó a Suecia y al poco tiempo de vivir acogido por el núcleo de exiliados se empezó a ahogar en estos grupos nostálgicos y aclanados: La vida en el exilio es una vida de sectas terrible. Sentí muy fuerte toda la opresión del individuo que está en estas sectas izquierdistas. Un día entendí que yo no soy esencialmente distinto de un Stalin o de toda esta gente que ha hecho cosas terribles. Es decir, que está en los seres humanos, y en mí evidentemente la capacidad de que al hacer el bien de esta manera se termina haciendo el mal más terrible, cuenta.

Antes de irse, Rojas, un chileno de clase media, como el mismo se define, estaba terminando la carrera de derecho, sólo le faltaba un ramo para egresar, pero al llegar a Suecia no le quedó otra que tomar un curso que le ofrecía el Estado para aprender a manejar maquinaria: Yo había escrito sobre máquinas, pero era la primera vez que me enfrentaba a un torno para trabajar. Luego, una lavandería de hospital le dio un puesto de trabajo.

Ya a fines de los setenta, bastante alejado de sus compañeros de los primeros tiempos y decidido a retomar la vocación de su madre y la suya propia (que al entrar en la Universidad en Chile dejó por una carrera más rentable), Mauricio volvió a las aulas y llegó a doctorarse en historia económica.

Siguió en la vida académica y se incorporó a Timbro (uno de los think-tanks más prestigiosos del mundo en defensa de los valores liberales) hasta que un hecho inesperado le cambió la vida.

Escribí un libro que se publicó en 1993 sobre la inmigración en Suecia, que es un tema importante considerando que un millón del total de nueve que tiene la población sueca son inmigrantes.

Según cuenta, la presencia de personas de otras razas y nacionalidades es fuerte en ese pais, pero los partidos políticos no habían tomado el tema con fuerza.

Hasta que por esas casualidades, el Primer Ministro de esa época citó su publicación en un discurso al parlamento.

Inmediatamente, Rojas se vio, envuelto en una ola mediática que lo levantó como candidato para el Partido Liberal, con el que ya tenía contactos anteriormente. Como dato curioso, cuenta que se empecinó en postular como independiente, - comprenderán que ya había tenido suficientes experiencias partidistas- hecho inédito en Suecia.

Cuenta que en su labor política él se dirige en duros términos a los inmigrantes y que lo puede hacer porque gracias a sus orígenes no lo pueden tratar de racista, como sí harían con un colega sueco que los inste a trabajar y a dejar la comodidad del Estado benefactor para contribuir a la sociedad que les está dando abrigo. Incluso, cree que debe ser obligatorio el aprender el idioma sueco (que él mismo define como complicadísimo, por la fonética) para aquellos que se quieran quedar a vivir en esta nueva patria.

Y en eso está ahora, trabajando de parlamentario y como investigador en el centro Timbro, del que es vicepresidente y responsable del Centro de Reforma de Bienestar de este instituto. A nuestro país viene en calidad de escritor, para presentar su libro Historia de la crisis argentina, que se ha traducido al castellano después de ser lanzado hace cerca de un año en sueco e inglés. El lanzamiento, que se realizó ayer en el Instituto Libertad y Desarrollo, contó con los comentarios del economista Juan Andrés Fontaine y del ex ministro Enrique Correa.

Rojas no podía empezar este texto académico con frases técnicas ni comentarios secos. Más bien, recurrió a una experiencia: Bienvenido a África me dijo el funcionario de migraciones del aeropuerto de Buenos Aires. Sí, esto es Africa, insistió, en respuesta a mi mirada de desconcierto.....

El capitalismo es fundamental

- Entre acción directa y regulatoria, ¿dónde pone el límite?

Suecia está sacando un poco al Estado. Antes el Estado benefactor, dentro de las áreas del bienestar, hacía todo. La reforma que estamos viviendo en Suecia significa salir de esto.

En los años noventa Suecia tuvo uno de los períodos de desrregulación y privatización más llamativos y desconocidos.

Por ejemplo, en Suecia tenemos un sistema de voucher a nivel escolar, que permite a todo padre elegir la escuela donde quiere que estudien sus hijos. Si hoy se mira áreas como la de correos y ferrocarriles, todo está desrregulado.

- Como principio, ¿hasta dónde debería llegar este proceso de retiro del Estado?

El Estado tiene una obligación básica de darle a todos los ciudadanos condiciones mínimas de acceso a la salud, a la educación, etc..

Es impensable un capitalismo moderno si no le aseguras a la población una base de dignidad y posibilidades. Esto tiene que estar relacionado con el nivel de desarrollo del país, porque puedes subir el sueldo mínimo y hacerlo súper digno, pero al final se crea cesantía.

- Con relación a los límites del Estado y la libertad individual, ¿cuál es la idea clave que deben retener los políticos al momento de decidir un nuevo impuesto o una ley?

Hay que entender, cosa que en Suecia se hizo muy temprano, que el capitalismo es fundamental.

También hay que entender que la vitalidad del capitalismo es poder destruir empresas, renovarlas, dejar gente en la calle, eso es parte de la dinámica.

Veo a Chile como un país maduro políticamente, con una muy buena elite política, muy clara en estas cosas y después con diferencias lógicamente, pero muchas veces son de matices. Esto es un capital enorme para Chile, el tener una clase política que entendió que las reformas que costaron mucho hay que mantenerlas, que no hay vías de desarrollo que no pasen por un capitalismo maduro.