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Prensa / Diarios
EL ORIGEN DE NUESTRA DECADENCIA
20 de enero de 2004
Fuente: La Nación (Buenos Aires, Argentina)

Mauricio Rojas, un chileno que se exilió en Suecia, país donde hoy es diputado, acaba de presentar su libro Historia de la crisis argentina, en el que condena al caudillismo y al proteccionismo desde los tiempos de Rosas.
Por Gabriel Salvia

Mauricio Rojas es un personaje políticamente fascinante. Nació en Chile en 1950 y reside en Suecia desde 1974, donde se exilió debido a la dictadura de Pinochet. Se crió en Santiago de Chile en un ámbito familiar socialista y fue en su país natal un activo militante de la dura "izquierda guevarista". Eligió la frontera con la Argentina para salir de Chile en octubre de 1973, luego viajó en barco a Europa, llegó a Italia y en busca de tranquilidad se radicó en Suecia, la tierra de "la tribu feliz". Allí comenzó un lento proceso de replanteo ideológico en el que mucho influyeron los testimonios de otros exiliados políticos que arribaron a Suecia, pero provenientes de la Unión Soviética y de otros países comunistas de Europa del Este. Su ruptura con el pasado intelectual formado en Chile lo plasmó en su tesis titulada Marxismo y metafísica. Además de doctorarse en Economía, se convirtió luego en vicepresidente de Timbro --el think tank de libre mercado con sede en Estocolmo-- y también ejerce la docencia como Profesor Adjunto en Historia Económica de la Universidad de Lund. Es autor de una docena de libros, entre ellos The rise and fall of the Swedish model ("Auge y caída del modelo sueco", 1998), en el que analiza la transformación sueca "del estado de bienestar a la sociedad del bienestar". En el 2001 se convirtió en miembro del Parlamento de Suecia donde llegó postulado como candidato independiente por el Partido Liberal.

Mauricio Rojas visitó Buenos Aires para presentar su libro Historia de la crisis argentina. Este libro fue originalmente publicado en sueco y traducido al inglés y al portugués.

--¿Qué lo motivó a escribir sobre la historia de la crisis argentina?

--Por un lado, la ligazón personal con la Argentina, haber venido acá como niño y haber visto a una Argentina opulenta. Después está la parte profesional, pues para un historiador económico como yo, que trabaja mucho con historia económica comparativa, la Argentina --lamentablemente-- es un punto obligado de referencia por ser uno de los ejemplos más claros que hay de un despilfarro increíble de oportunidades. A su vez, la crisis de diciembre de 2001 llevó a que la pregunta qué pasa en Argentina estuviese presente en todas partes y algunos diarios europeos me consultaban al respecto. Pero no se podía explicar en un artículo y entonces empecé a escribir este libro.

--¿Dónde están para usted los orígenes de la crisis argentina?

--Muy, muy lejos. Mucha gente me preguntó cuando vino la crisis de diciembre de 2001 si era el Fondo Monetario o era la convertibilidad con Menem o De la Rúa o cuál otro motivo, siempre buscando en el corto plazo esa explicación. Y yo estaba convencido ya, y hoy día más que nunca, que hay que buscar en el largo plazo. Argentina no tiene una caída de un momento, tiene una larga caída que desde hace por lo menos 30 años es profundísima, y eso no se puede explicar como un accidente ni tampoco como algo que viene desde el exterior. Por eso en el relato del libro yo voy muy atrás. Y hoy si lo escribiera de nuevo diría que es un poco más atrás y definitivamente llegaría al primer período de la Argentina independiente, cuando se destruye la administración colonial y surge Rosas y surge el caudillismo, surge el país estancia, la movilización política del patrón y los clientes que asalta al poder político, que asalta al país a través del poder político y que impone un estilo patotero de política que yo veo reproducirse lamentablemente en un Perón, o en los piqueteros de hoy. Una forma de política que es premoderna, es feudal. Es el señor feudal que va con sus aliados y asalta al poder político y busca redistribución. Una política donde la creación de riqueza está subordinada a la redistribución de la riqueza: la típica forma feudal contra la forma capitalista que es justamente otra cosa, la creación de riqueza a través de una mejor producción.

--¿Qué sucedió en las décadas de las "vacas gordas"?

--En esa época se fundamenta la estructura que durante cien años va a ser parte de una Argentina económica y que tiene su colapso en los 80, que es una industrialización de invernadero, de estancia, protegida, cerrada. Fue la naturaleza, con su renta, la que le creó una protección. El invernadero de esta industria que creció subdesarrollada originó un capitalismo deformado. El drama de la Argentina es no haber tenido nunca un capitalismo abierto, sometido a la competencia.

--¿Con Perón empiezan o se profundizan "las décadas de las vacas flacas"?

--Yo creo que un poco antes, ya con el golpe de Estado a Irigoyen en el año 30 comienza un proceso de deterioro político muy claro, de inestabilidad y de golpes, que con el surgimiento de Perón tiene un giro inesperado en el sentido de que se produce la típica movilización fascista de la masa excluida, el movimiento obrero en función de un líder, un caudillo que busca un proyecto autárquico, nacionalista, populista, anticapitalista, anti apertura, o sea que el invernadero llega a un momento culminante con Perón.

--¿Qué papel tendrían las reformas de los 90 en el detonante de la crisis de diciembre de 2001?

--Lo que ocurre con las reformas de Menem es que este modelo cerrado de industrialización explota en los años 80, con la crisis de la deuda, cuando se llega a un momento donde un país que no tiene capacidad industrial exportadora está con una deuda enorme y la naturaleza simplemente no alcanza. Ya hacía tiempo que eso venía pasando y lo que Carlos Menem hace es un intento muy contradictorio de modernizar, de crear un capitalismo "sano" a través de métodos insanos. Porque Menem es una versión extraordinaria de la "estancia", del "caudillismo" y del "patoterismo". Yo no sé si Argentina tenía en ese momento una oportunidad mejor, pero indudablemente esto llevó a una cantidad enorme de problemas y para las ideas liberales muy importante, porque se produjo una mezcla de liberalismo económico con patoterismo, caudillismo y corrupción que lógicamente creó un desprestigio muy importante. Y esto es lo dramático, porque ahí está la solución, pero está terriblemente bloqueada y desprestigiada, y espero que Kirchner sepa entender la diferencia entre una y otra cosa, porque de lo contrario no hay solución para la Argentina.

--¿Por qué considera al final del libro que en Argentina está en peligro la democracia?

--La Argentina tiene detrás de sí, diría, por lo menos 30, 40 años de un deterioro increíble como sociedad. La guerra sucia, la hiperinflación, la corrupción, yo creo que el tejido social de la Argentina como país está profundamente quebrado, debilitado, herido. Es casi un país insostenible en muchos aspectos y por lo tanto al borde del precipicio.

--¿Es el modelo de "estado benefactor" sueco una alternativa para Argentina?

--No, no, de ninguna manera, el estado benefactor sueco presupone industrias serias, como las suecas, que desde el comienzo fueron extremadamente competitivas, abiertas. En Suecia no hay ningún proteccionismo, ningún invernadero. El modelo sueco se construye sobre una base económica sana, no tuvo que resolver un problema de un capitalismo corrupto e ineficiente que es lo que tenemos que resolver finalmente en América latina y en Argentina. Y lo otro es que se basa en una tradición política seria donde no hay nada parecido al caudillismo ni al personalismo. Pero además, el modelo sueco hoy día está de vuelta. Porque Suecia llegó al punto, a fines de los 80, donde el modelo clásico sueco de monopolio estatal muy amplio, de mucha regulación, de gran estatismo, tocó fondo. Y hoy en día estamos saliendo de eso en Suecia. Sería interesante, para las personas que hablan del modelo sueco, entender que la Suecia actual no tiene nada que ver con la de hace años atrás. Hoy es un modelo mixto con mucha privatización, con mucha desregulación, con mucha libertad de elección, con un Estado que ha entendido que tiene que retroceder y darle a los ciudadanos un margen de libertad y que el capitalismo es fundamental.

http://www.lanacion.com.ar/suples/enfoques/0404/sz_564714.asp 
LA NACION | 18.01.2004 | Página 5 | Enfoques