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Prensa / Diarios
Entrevista a Orlando Gutierrez Boronat ``castro es como mussolini o franco´´
19 de julio de 2004
Fuente: Los Andes (Mendoza, Argentina)

Por Carlos Salvador La Rosa

Diputado Nacional Gabriel Llano y Orlando Gutiérrez

Orlando Gutiérrez es el secretario nacional del llamado Directorio Democrático Cubano, un grupo de disidentes a Fidel Castro que desde el exilio y desde dentro de su país empujan un movimiento pacífico para cambiar el sistema político castrista. Viajó a Mendoza traído por el diputado nacional Gabriel Llano (PD) y lo hizo junto a dirigentes del instituto liberal "Cadal" (Centro para la Apertura y Desarrollo de América Latina). En charla con Los Andes analizó la situación cubana.

-¿Cómo ve hoy a Cuba?

-En Cuba hay un gran resurgimiento de la sociedad civil, que obedece directamente al descontento social cada vez más extendido. Y el régimen se encuentra frente a una contradicción: si reprime el resurgimiento se aísla internacionalmente, y si no lo reprime el movimiento crece sin cesar. Por eso es difícil para la dictadura lidiar con esto.

-¿Cuál es la idea central del sector que usted lidera?

-Impulsamos un movimiento de convicción cívica no violento, es decir, pensamos que la vía cívica no es un método, es un objetivo en sí mismo, porque parte de las razones que llevaron a Castro al poder y que lo mantienen allí es el culto a la violencia en la vida pública cubana.

-¿El sistema político cubano depende de la vida de Fidel, o podrá proseguirse sin él?

-Yo creo que más que una persona es un régimen. Fidel es la pieza clave, pero hay un aparato, una serie de intereses que avalan la existencia de tal gobierno. Por eso no creo que éste desaparezca sólo porque muera algún día Castro. Primero porque el régimen surgió de realidades culturales propias, de un nacionalismo radical y un sentimiento antidemocrático y antipolítico que había en Cuba desde antes, que Fidel supo catalizar. Y segundo porque Castro convirtió a sus militares y jefes de la represión en empresarios. Ahora son militares y comunistas, pero también empresarios, y tienen la plata y sus hijos estudiando afuera.

-Usted habla de formas antidemocráticas inmersas en la cultura política cubana, pero no será que el castrismo surgió básicamente de un rechazo a la dictadura de Batista?

-Es cierto que la dictadura de Batista fue un golpe mortal a la República porque un país que se estaba empezando a institucionalizar y con un gran progreso económico-social, abortó su proceso por el acto criminal de Batista, que por otro lado abrió la puerta a la Revolución. Fidel usó eso para legitimarse, pero en el corazón de su pensamiento estaba la convicción profunda de que la política democrática no era apropiada para Cuba. Allí tuvo una fuerte influencia del fascismo y del falangismo, pero cuando Castro tomó el poder, el país más cercano al pensamiento totalitario era la URSS, por eso lo adoptó. Si hubiera existido Mussolini, o Franco hubiera tenido el poder de años anteriores, habría pactado con éstos.

-¿Todo es negativo en su mirada de Cuba? ¿Y los éxitos en las cuestiones sociales?

-Mire, Cuba tuvo una larga tradición de apego a la cosa social, es decir, antes de la Revolución ya tenía una tasa muy baja de mortalidad infantil y de analfabetismo. Es cierto, hay que reconocerlo, que la Revolución prosiguió y aumentó ese camino, pero también lo hicieron muchos países sin romper con la democracia. Hoy el castrismo dice a la gente: "Nosotros te hemos dado esto, por lo tanto nos debes lealtad total", pero cada vez más jóvenes están diciendo: "Estos son derechos nuestros, no del Estado, y nos corresponde pedir más".

-¿Existen líderes políticos en Cuba capaces de encarnar la oposición al castrismo?

-Sí, el más conocido es el ingeniero Oswaldo Payá Sardiñas, quien lanzó el proyecto "Varela" aprovechando la visita del Papa a Cuba. Lo que propone allí es un plebiscito de 5 puntos para ver qué opina el pueblo sobre el restablecimiento de la libertad y la democracia. También está Vladimiro Roca, hijo del fundador del Partido Comunista, que es un militar y economista que estuvo 5 años preso. Y hay varios liderazgos reconocidos más.

-¿Payá Sardiñas está preso o libre en Cuba?

-Ni una cosa ni la otra, está fuera de la cárcel, que no es lo mismo. Pero bajo una persecución muy grande hacia él y sus seguidores.

-¿Cree posible lograr que Fidel autorice, aunque sea bajo presión, un plebiscito?

-No, yo creo que Fidel jamás autorizará un plebiscito, pero su sola convocatoria ha movilizado al pueblo de Cuba y hoy podría decir que tenemos el movimiento civil más fuerte que jamás tuvo un país totalitario después del de Polonia.

-Prácticamente todos los países comunistas han desaparecido. Cuba es una de las pocas excepciones. ¿Cómo explica usted esa sobrevivencia?

-La última bandera que le queda es la del mito de venderse como el gran opositor a EEUU. Además, en los países de Europa del Este el comunismo fue impuesto por los tanques soviéticos, mientras que el castrismo es un fenómeno nacional cubano. También hay que recordar que en los países comunistas jamás se dio el cambio mientras vivían sus líderes fundadores. Y Castro sigue vivo.

-Sigue vivo, pero según usted ¿no ha cambiado nada con el paso del tiempo?

-Ha cambiado físicamente, pero nada más, excepto algún desgaste mental por la edad. Él mismo sigue diciendo que está más ortodoxo y radical que nunca. Viajó a China y vino desilusionado porque dijo haber visto mucho capitalismo. Fidel sigue tan anticapitalista y antidemocrático como siempre.

-¿La visita del Papa a Cuba fue importante para la esperanza de cambiar el sistema político cubano?

-Creo que fue la base de todo. El Papa vino a sembrar la semilla de la libertad. Nosotros queremos un cambio evolutivo cívico, que cause una ruptura en la élite gobernante y que de tránsito a negociaciones y a un tránsito pacífico a la democracia. La otra posibilidad es un estallido social, pero eso sería incontrolable y podría complicar cualquier salida razonable.

-Ahora bien, ¿la visita del Papa no ayudó por otro lado a darle mayor legitimidad a Fidel?

-Sí, pero fue pasajero eso. El daño social y político que la visita del Papa le hizo al régimen fue mucho mayor que lo que lo benefició, porque miles de personas pudieron gritar libertad. El Papa dejó gritar libertad. Yo lo vi en vivo. La gente gritaba libertad y el Papa se quedaba así, dejando que gritaran.