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06 - 10 - 21

Arte, humor y acción política

El humor y los chistes políticos, si bien pueden contribuir al orden social, la cohesión y el control, también suelen ser la expresión de un conflicto que puede incitar a la resistencia, a insultar, satirizar y ridiculizar a los poderosos. En este sentido el humor es como un arma, un medio de defensa y una forma de ataque, y se ha argumentado que tales armas de los débiles pueden ser muy importantes al hacer que la gente reflexione críticamente sobre su situación y le permita expresar hostilidad en contra de quienes lo engañan u oprimen, y hasta puede crear espacios alternativos de resistencia como podemos ver en el caso de los tres países mencionados: Cuba, Venezuela y Colombia.
Por Tomás Várnagy

Arte, humor y acción política

El pasado 8 de septiembre se llevó a cabo el tercer encuentro por Zoom de Arte, Humor y Acción Política con humoristas, artistas y actores culturales que sufren hostigamiento y persecución en sus países: Colombia, Cuba y Venezuela, con los siguientes temas: ¿Cuál es el espacio del humor? ¿Sobre qué está permitido reírse? ¿Cuáles son las fronteras invisibles que el humor enfrenta? ¿Qué costos se pagan por reírse del poder? Fue organizado por CADAL, Provea, Zona de Descarga, Freemuse, y Artists at Risk Connection, para seguir defendiendo la libertad de expresión artística.

Los expositores fueron, desde Colombia, Heyne Mogollón e Iván Madrazo, ambos enmascarados, responsables del medio de noticias en tono de sátira, Actualidad Panamericana; por Cuba, Carlos Medina y Rodrigo Hernández, ambos sin poder verlos por la pantalla, directores de la revista de sátira política Ay, qué muela!; y por Venezuela, los artistas y activistas Ricardo Del Bufalo, Melanio Escobar y Neisser Banout,

En este intercambio de casi dos horas de conversación y análisis surgieron cuestiones tales como el espacio del humor en los países mencionados, sus restricciones, las fronteras invisibles y los costos que se pagan por reírse del poder.

Ya sabemos que el humor político es una cosa muy seria pues tiene un potencial subversivo; los chistes, para George Orwell, eran “diminutas revoluciones”, mientras que Bertold Brecht consideraba que “no se debe combatir a los dictadores, hay que ridiculizarlos”. Lo cierto es que, en condiciones de autoritarismo, dictadura y represión, abierta o encubierta, el humor de los que no tienen poder tiende a ser cuestionador, clandestino y perseguido. Como afirmaron los participantes: el humor y el poder no se llevan bien de entrada, pues reírnos de los poderosos, es crítico y no se tolera.

Estos artistas consideran que el humor tiene poder, y el poder no puede reírse de sí mismo, pues al poderoso le falta humor. El humor debe entrometerse con todo, no debe haber temas prohibidos ni tampoco corrección política y hay que burlarse de todo. El poder se equivoca mucho y el humor es como una constante ladilla, es pellizcarle el culo al poder, es fastidiar. Y, quizás, lo más importante es que la presencia del humor es un síntoma de la democracia y la libertad de expresión.

El humor y los chistes políticos, si bien pueden contribuir al orden social, la cohesión y el control, también suelen ser la expresión de un conflicto, que puede incitar a la resistencia, a insultar, satirizar y ridiculizar a los poderosos. En este sentido el humor es como un medio de defensa y una forma de ataque, y se ha argumentado que tales armas de los débiles pueden ser muy importantes al hacer que la gente reflexione críticamente sobre su situación y le permita expresar hostilidad en contra de quienes lo engañan u oprimen, y hasta puede crear espacios alternativos de resistencia como podemos ver en el caso de los tres países mencionados.

Y esto no es gratuito: la censura y la represión persiguen como una sombra a los humoristas. Aristófanes, en el siglo V a.C., sufrió la persecución por haber caricaturizado al demagogo ateniense Cleón. De acuerdo a Suetonio, Agusto (63 a.C.-14 d.C.) prohibió en Roma los chistes “en contra del emperador”. Las comedias del mencionado Aristófanes fueron censuradas en la España de la década de 1950, acusadas de propaganda comunista en la era de McCarthy en Estados Unidos, y fueron prohibidas por los Coroneles en la Grecia de 1967.

Los contadores de chistes en la Unión Soviética eran arrestados por una cláusula en el Código Penal, artículo 58, parágrafo 10, por “propaganda y agitación en contra de la URSS”. Como chiste contemos el siguiente: “se anunció el primer premio para el mejor chiste político: quince años”. El historiador marxista ruso, Roy Medvedev, afirmó que unas 200.000 personas estuvieron presas en gulags por contar chistes en la era de Stalin.

¿Y cómo es la situación en cada uno de estos países?

Los participantes enmascarados de Colombia (Heyne Mogollón e Iván Madrazo) consideran que existe un cierto margen para hacer humor político, pero el poder económico es muy sensible, y tienen más miedo a las grandes empresas, a los grupos económicos, que al gobierno o a los grupos armados paramilitares. La censura es diferente a la de Cuba o Venezuela: afirman que no irán a la cárcel por ahora, pero sí existen listas negras; por eso usan máscaras para mantener secreta su identidad, ya que lo que ayuda es el anonimato. Opinan que a Colombia ya ha llegado el castro-chavismo, sólo que por la vía de la derecha.

Carlos Medina y Rodrigo Hernández (con pantallas sin rostros) de Cuba, consideran que los cubanos han sobrevivido a 62 años de dictadura gracias a los chistes y de reírse de sus desgracias. Los costos de hacer humor son enormes y no existe sátira política en Cuba desde la década de 1960, cuando Fidel Castro cerró la revista de humor Zigzag. El gobierno tiene el control total y los funcionarios también quieren vigilar el ciberespacio, pues consideran que todo lo que se denuncie sobre la realidad cubana, incluso humorísticamente, es un delito.

Si alguien hace humor político lo haría a través de las redes sociales, el único medio para tener público. Los cubanos se dieron cuenta que tienen las redes sociales para denunciar, para desahogarse, para reírse y es su nicho de libertad de expresión y de democracia. Lo que sucede es que si una persona se hace muy conocida, entonces la policía política lo irá a buscar. Siempre hay mucho miedo, es lógico; pero las redes sociales son importantes pues les brinda la posibilidad de llegar a todo el mundo.

Hace 10 años la gente no se expresaba en Internet y costaba mucho trabajo hacer periodismo independiente. Con el humor han logrado que el público tenga amor por la libertad, que haya ese deseo de ser libre, que todos comiencen a expresarse. En esto están involucrados no solamente los artistas sino también la sociedad civil en su conjunto.

A veces les pregunta la gente: ¿qué van a hacer ustedes cuando termine la dictadura?, y ellos contestan que siempre habrá un gobierno o un funcionario bueno o malo: “siempre vamos a estar ahí porque siempre habrá algo de qué reírse”.

Los artistas y activistas Ricardo Del Bufalo, Melanio Escobar y Neisser Banout, por Venezuela, afirman que existió una tradición muy grande de revistas humorísticas venezolanas que cerraron, pues al poder le molesta el humor, que tiene un poder transformador y es como una herramienta de protección de la sociedad civil. Gracias a los cambios tecnológicos, actualmente la única forma de hacerse conocer es a través de las redes sociales.

En Venezuela –confirman- te meten preso por un tuit si no le gustó a algún fiscal, y es cada vez más difícil hacer humor político por el tema de la censura.  Se puede ir a la cárcel, hay un miedo constante. El humor es siempre un ejercicio de libertad y están luchando por la libertad de expresión y en contra de la censura del poder y la cultura de la cancelación.

En síntesis, la situación en estos tres países –Colombia, Cuba y Venezuela- es que el humor siempre molesta a los poderosos, sean grupos económicos o gobiernos autoritarios, que tratan, por todos los medios, de censurar, cerrar y perseguir a quienes critican, satirizan o ridiculizan sus medidas de gobierno o sistemas dictatoriales.

Tomás Várnagy
Tomás Várnagy
Doctor en Ciencias Sociales (UBA) y autor del libro “Proletarios de todos los países… ¡Perdonadnos!” O sobre el humor político clandestino en los regímenes de tipo soviético y el papel deslegitimador del chiste en Europa central y Oriental 1917-1991 (Buenos Aires, EUDEBA, 2016; Madrid: Clave Intelectual, 2016).