Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

QUIÉNES SOMOS

Nuestra misión es promover los derechos humanos y la solidaridad democrática internacional.

CADAL (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina) es una fundación privada, sin fines de lucro y apartidaria, constituida el 26 de febrero de 2003 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires de la República Argentina.

Los integrantes de CADAL provienen de distintos ámbitos, como el académico, el periodismo, la consultoría y el activismo en derechos humanos. CADAL es un espacio plural en el cual sus integrantes comparten la defensa irrestricta de la institucionalidad democrática y el carácter universal de los derechos humanos. 

Nuestra misión es promover los derechos humanos y la solidaridad democrática internacional, en particular en democracias fallidas y autocracias con institucionalidad debilitada en las que se reprime  e inhibe la libertad de asociación, expresión, reunión y el derecho a la participación política para los ciudadanos.

Como parte de su tarea de promoción de los derechos humanos, CADAL forma parte de una serie de coaliciones, foros y organizaciones que comparten los mismos valores:    el Movimiento Mundial para la Democracia (WMfD), la International Coalition to Stop Crimes against Humanity in North Korea (ICNK), el International Tibet Network, la Coalición por la Libertad de Asociación, la Red de Think Tanks KAS en América Latina, es miembro de TrustLaw (el programa pro bono global de la fundación Thomson Reuters) y está registrada como Organización de la Sociedad Civil ante la Organización de Estados Americanos (OEA). 

Antecedentes

La misión de CADAL está inspirada en la Memoria de la solidaridad recibida por los activistas de derechos humanos, perseguidos políticos, familiares de detenidos y desaparecidos, y periodistas independientes durante la última dictadura militar en la Argentina (1976-1983).

La experiencia compartida de activistas de derechos humanos en las dictaduras militares del Cono Sur -Argentina, Chile y Uruguay-, de Sudáfrica y de los regímenes comunistas de Europa Central y del Este reconoce a la solidaridad democrática recibida desde el exterior como un factor fundamental de apoyo político y moral en esos períodos de represión y persecución política.

En la actualidad, casi un tercio de los países que forman parte de la ONU reprimen la libertad de asociación, expresión, reunión, manifestación y el derecho a la participación política de sus ciudadanos. Según la visión de CADAL, los que vivieron en dictadura y recibieron entonces muestras de solidaridad democrática internacional tienen la obligación moral de ser la voz de quienes en la actualidad viven en contextos autoritarios.

En CADAL defendemos el carácter universal de la democracia y los derechos humanos 

De acuerdo a lo establecido en el artículo 3 de Declaración Universal sobre la Democracia: “Como ideal, la democracia trata fundamentalmente de mantener y promover la dignidad y los derechos fundamentales del individuo, garantizar la justicia social, facilitar el desarrollo económico y social de la colectividad, reforzar la cohesión de la sociedad, impulsar la tranquilidad nacional y crear un clima propicio para la paz internacional. Como forma de gobierno, la democracia es el mejor modo de conseguir esos objetivos; es también el único sistema político capaz de corregirse a sí mismo”. 

A su vez, el artículo 12 de la mencionada Declaración establece que “el elemento clave del ejercicio de la democracia es la celebración a intervalos periódicos de elecciones libres y justas, que permitan la expresión de la voluntad popular. Estas elecciones deben celebrarse sobre la base del sufragio universal, igual y secreto, de modo que todos los votantes puedan elegir a sus representantes en condiciones de igualdad, apertura y transparencia, que estimulen la competencia política. Por ello, los derechos civiles y políticos son primordiales, y en particular entre ellos, los derechos a votar y ser elegido, los derechos de libertad de expresión y reunión, el acceso a la información y el derecho a organizar partidos políticos y realizar actividades políticas”.

Por su parte, el artículo 27 de la Declaración Universal sobre la Democracia establece su dimensión internacional: "Una democracia debe defender los principios democráticos en las relaciones internacionales. En ese sentido, las democracias deben abstenerse de toda conducta no democrática, expresar su solidaridad con los gobiernos democráticos y los actores no estatales, como son las organizaciones no gubernamentales que trabajan en favor de la democracia y los derechos humanos, y extender su solidaridad a todas las víctimas de violaciones de los derechos humanos en regímenes no democráticos".