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27-12-2021

Corazón azul, una distopia fílmica narrada en claves políticas

Corazón azul es una alegoría inteligente a una distopía llamada Cuba porque sin lugar a dudas la nación ha sido víctima de un experimento condenado al fracaso desde sus inicios, desde la llegada al poder de la Revolución con sus excesos estalinistas, donde Castro fracasó en su intento de construir el irrealizable Hombre Nuevo porque al final mutan, convirtiéndose en seres inteligentes y la vez anárquicos, que terminan revelándose contra el estado totalitario.
Por Jorge Luis Lanza Caride

Corazón azul (2021), es la más reciente cinta del controvertido e irreverente cineasta Miguel Coyula, formado en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba (EICTV), realizador de filmes como Cucarachas rojas, Nadie, Memorias del desarrollo, obras caracterizadas por la experimentación del lenguaje cinematográfico en una industria donde muchos cineastas continúan apelando a fórmulas narrativas convencionales. En ese sentido, Coyula se ha erigido como un paradigma del cine independiente no sólo en Cuba sino en otras latitudes.

Desde su debut con Cucarachas rojas, Coyula deslumbró al público estadounidense seguidor de los cánones más anticovencionales de la narrativa cinematográfica. Sus obras develan las más insospechadas influencias, desde Ridley Scott, John Carpenter, Godard, hasta Michelangelo Antonioni, específicamente su filme Desierto rojo (1964), primera película en colores realizada por el cineasta italiano cuya visualidad ejerció una notable influencia en la composición visual de Corazón azul, incluyendo también las influencias directas del anime japonés y la ciencia ficción, expresión de una vocación dialógica e intertextual que se nutre de las más diversas fuentes.

Un artista inusual que en el contexto actual aboga y defiende esa capacidad sólo comparable con Chaplin de monopolizar varias esferas de la creación cinematográfica, como la dirección, la edición, el guión, entre otras, una verdadera rareza en estos tiempos. En ese sentido, Coyula es un ejemplo viviente del paradigma del cine de autor formulado por André Bazin. 

Si para rodar la colosal Memorias del desarrollo en Estados Unidos invirtió alrededor de cinco años de su juventud, Corazón azul le llevó diez años, aspecto que me confesó durante una tranquila mañana mientras debatíamos el filme en su propia casa después de visionar la obra, privilegio que jamás olvidaré en mi vida. Pues no resulta habitual que un cineasta invite a un crítico o espectador a ver sus propios filmes en la intimidad de su hogar, en ese templo donde se han gestado algunos de los referidos filmes. Como sus filmes no son exhibidos y distribuidos oficialmente en Cuba tuvo la genial idea de invitar a amigos y espectadores a su domicilio para que disfrutaran los domingos de Corazón azul, una verdadera iniciativa que rompe la censura injusta que ha sido objeto.

Corazón Azul

Corazón azul se encuentra inspirada en su novela Mar rojo, mar azul, escrita en 1999 cuando el cineasta contaba sólo con veintidós años y estudiaba en la EICTV. Posteriormente se sumergió en el rodaje de los filmes Clase Z tropical y El tenedor plástico, hasta que llegó la irreverente Cucarachas rojas, basada en el mismo texto literario, cuyo impacto en el cine independiente norteamericano fue notable.

Corazón azul posee múltiples aristas, pero nadie puede cuestionar que es una excelente distopia,  me refiero a textos literarios que han recreado universos ficticios y denunciado los excesos del totalitarismo, incluso algunas han sido adaptadas al cine, tales como 1984, de Michael Radford, basada en la obra de George Orwell, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury y Un mundo feliz, de Aldous Huxley, texto que cierra la trilogía fundacional. Existen obras exponentes de la tradición distópica que también alertan sobre el poder totalitario de las corporaciones capitalistas.

Una muestra fehaciente de esta variante literaria es el escritor Philip K. Dick, autor del texto Sueñan los androides con ovejas eléctricas, trasladada al cine por Ridley Scott. En ese sentido la ciencia ficción ha sido un género ideal para alertar sobre el poder totalitario que pueden alcanzar las corporaciones en las sociedades capitalistas.

Desde esa perspectiva Corazón azul constituye crítica metafórica y en ocasiones directa sobre los efectos antropológicos de la utopía comunista que Fidel Castro implantó en Cuba, una demoledora denuncia de las consecuencias de su experimento ideológico, pero también funciona como una advertencia sobre las consecuencias que puede traer para la democracia en Estados Unidos el totalitarismo, teniendo en cuenta que ninguna ideología escapa a este mal. Al igual que Orwell no pretendió que su novela en el contexto de la Guerra Fría no se redujera a una denuncia anticomunista, tampoco Coyula pretende que se reduzca y empobrezca las múltiples lecturas que se derivan de su filme. En ese sentido, el universo que ha construido Coyula posee nexos tanto con las sociedades descritas por Orwell como Philip K. Dick. Desde esa mirada lo considero un híbrido que ha sabido nutrirse de esas fuentes para aplicarlas en el contexto cubano.

Si un autor ha encontrado frases oportunas para explicar estas ideas es José Luis Aparicio, cineasta y periodista independiente cuando expresó: “Ver el filme y luego salir a la calle en Cuba produce un efecto de disonancia cognitiva: el sol es distinto (todo es gris e invernal en el filme de Coyula), pero uno siente que ha despertado en la misma pesadilla. Como si aquella ficción se habitara, más allá del artificio. Como si la realidad cubana sólo pudiera entenderse (narrarse) en los términos de una distopía”.

Corazón Azul

En Corazón azul la Tyrell Corporation con sus androides es sustituida por la compañía DNA-21 y su líder, Nicholas Fredersen. Fidel Castro se apoya en dicha empresa para realizar su experimento fallido del Hombre Nuevo, llamado en la cinta Proyecto Guevara, referente directo al líder utópico Ernesto Che Guevara, una especie de mezcla entre ingeniería genética e ideología. No olvidemos la pasión que tenía Castro por los experimentos con animales, tal vez le faltó tiempo para experimentar con seres humanos, pero su ideología comunista constituye ese mismo experimento desde una dimensión ideológica y no precisamente genética, lo cual ha producido el tipo de sociedad que tenemos hoy en día con niveles de anomia social abismales.

Corazón azul es una alegoría inteligente a una distopía llamada Cuba porque sin lugar a dudas la nación ha sido víctima de un experimento condenado al fracaso desde sus inicios, desde la llegada al poder de la Revolución con sus excesos estalinistas, donde Castro fracasó en su intento de construir el irrealizable Hombre Nuevo porque al final mutan, convirtiéndose en seres inteligentes y la vez anárquicos, que terminan rebelándose contra el estado totalitario.

En la citada entrevista Coyula explica las razones por las cuales apeló al género de la ciencia ficción para su alegoría fílmica del totalitarismo cubano: “Es que el realismo nunca me ha interesado. Siempre he prestado mucha atención a los sueños. Por eso la racionalidad científica me interesa menos y prefiero la ficción como elemento para construir una realidad alternativa. La luz en Corazón azul es la de los sueños, la pensé como ese estadio donde no se sabe si es de día o de noche. Evito el sol y el verde. El sol cubano es un destructor de atmósferas. Por eso, al enfrentarme a temas políticos, tengo la necesidad de escapar del realismo. La ciencia ficción puede contener un elemento de fábula que permite esbozar mejor una tesis sin aleccionar o sin didactismos”.

Corazón Azul

Los filmes de Coyula no se pueden analizar separando los elementos estéticos de los políticos y contextuales, son dos dimensiones indisolubles. Descifrar las claves argumentales de este filme resulta compleja porque a diferencia de filmes como Nadie y Memorias del desarrollo donde se exploran conflictos desde la subjetividad de un sólo personaje, en Corazón azul intervienen varios personajes, desde el propio Coyula que interpreta al mutante que aparece en casi todas las escenas de la película, hasta Lynn Cruz, actriz que había intervenido en el documental Nadie, censurado en Cuba, cuyas cualidades histriónicas encajan muy bien en este tipo de cine experimental donde el eje narrativo principal suele sustentarse en el poder expresivo de las imágenes y no precisamente en el recurso verbalista. La riqueza visual de este filme al estilo de Desierto rojo de Antonioni es el mejor recurso narrativo de esta obra, fiel a ese principio que una imagen vale más que mil palabras.

Los primeros planos del personaje de Elena interpretado por Lynn Cruz en este filme son muy emotivos, develan el misterio que encierra su rostro ante las cámaras, su enigmático mundo interior, emociones que sólo el lente de un cineasta como Coyula puede explorar. Teniendo en cuenta las huellas tangibles de Antonioni en la filmografía de Coyula y en especial en Corazón azul considero que los nexos estéticos entre algunos encuadres y planos de Mónica Vitti, protagonista de varias películas de Antonioni y la actriz Lynn Cruz no resultan casuales, recurso que puede funcionar como un guiño a Desierto rojo utilizando el carisma de Lynn, sobre todo desde una funcionalidad simbólica en cuanto al sentido que asumen los espacios.

Corazón Azul

Por tanto, visionar un filme de Coyula resulta la experiencia sensorial más sublime que he conocido como cinéfilo. Cuando escribo sobre sus filmes no puedo separar el placer del espectador del ejercicio intelectual que implica interpretar sus imágenes. Prácticamente nadie pudiera escribir con profundidad sobre este filme contentándose con un solo visionaje, pues se le escaparían muchos elementos contenidos en el barroquismo visual que lo distingue como artista.

Una muestra de esa experiencia sensorial a la cual me refiero la tenemos en la apocalíptica escena de Riomar, para la cual Coyula, aprovechando un viaje que realizó con el cineasta Carlos Machado Quintela para su rodaje del filme La obra del siglo, ubicada en la antigua ciudad Electronuclear de Cienfuegos, intentó tomar algunos planos al interior de la ciudad, pero las autoridades del lugar se lo negaron, por lo cual  tuvo que recurrir al recurso que más domina: las ventajas que ofrecen las tecnologías digitales.

Esta experiencia creativa nos reafirma que estamos ante un artista que explota hasta límites insospechados el carácter manipulador del lenguaje cinematográfico, en el sentido más estético y positivo que este acto implica. En un país donde se han intentado realizar las proezas más absurdas propias del voluntarismo que implica una sociedad totalitaria, recrear un escenario como este le confiere una gran significación al filme.

El último elemento que pretendo referirme es al impacto del filme Corazón azul en otros contextos, aspecto sobre el cual se han publicado bastantes anécdotas en los medios independientes a raíz del premio que obtuvo el filme en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara en México, donde recibió la distinción Jorge Cámara, otorgada por primera vez en ese festival por la Hollywood Foreign Press Association, el Festival Internacional de Cine de Moscú donde produjo reacciones diversas con inquietudes universales y el Festival de Cine de Minsk en Bielorrusia, nación marcada por reminiscencias totalitarias del escenario post soviético, donde el cineasta también enfrentó otras formas de censura, más sutiles pero no muy diferentes a las que ha experimentado en su propio país.

Por lo tanto, sus filmes fuera del contexto cubano han generado reacciones contradictorias e insospechadas, pero ha prevalecido el misterio y las dudas, pero por sobre todo, una frustración, pues ante esa imagen idílica de Cuba como paraíso del Caribe el espectador se enfrenta al panorama opuesto: asistir a la transición de ese supuesto paraíso en un escenario cruel y caótico colmado de desesperanza y angustias. El experimento devino en una verdadera pesadilla que vivimos cotidianamente.

Jorge Luis Lanza Caride
Jorge Luis Lanza Caride
Egresado de la licenciatura en Estudios Socioculturales de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Cienfuegos. Ha impartido cursos de postgrado sobre cine cubano en universidades de Estados Unidos, México y Noruega.
 
 
 

 
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